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Aquiles: "Creo que me picó una abeja africana, en el talón, creo".
Al Capone: "Siempre dije que los impuestos a las personas, en este país, eran demasiado altos. ¿Sigamos con el póker? ¿A quién le toca repartir? ¿A mí? ¿Al hampón que pregunta?".
Bonnie Parker: "Me dieron, ¿y a ti?".
Clyde Barrow: "También".
Carlos Condell: "Me gustaría que una calle de mi país llevara mi nombre, pero una no más".
Caupolicán: "Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii".
El Chacal de Nahueltoro: "No confiaba en el sistema carcelario chileno, pero estaba profundamente equivocado. Aprendí a leer, conocí la amistad, los libros y la enseñanza, después de varios años de reclusión, hasta podría haber estudiado algún oficio o profesión. Me faltó tiempo para eso y para pedir perdón por lo que hice. Espero que esta ejecución sirva de algo. Fui una bestia ignorante, nadie me enseñó otra cosa: soy culpable. En este momento, sin embargo, le disparan a un inocente. Que les vaya bien. Póngame la venda, oficial".
Frank Sinatra: "Sólo una cosa lamento. No haber ido nunca, por un problema de tope de fechas, al Festival de la Canción de Viña del Mar. Chile. Y no es chiste".
Goliat: "No se metan con los filisteos, eso les dijimos, no se metan y ustedes se metieron. Anda bajando la honda no más, si no quieres que te haga puré, baja la honda cabrito, ya, ya, ya, baja la honda, adónde la viste, te voy a hacer puré, baja la honda... aaah...aah... ah... ¿qué onda?".
Gabriela Mistral: "No quiero volver, palabra de mujer. No quiero que vuelvan mis huesos y tampoco mis libros, mis cartas, nada de nada, porque nunca han leído o escuchado mis recados. Al menos que se demoren en llevarme entera, porque yo los conozco. No sólo te hacen la vida imposible, es que te hacen la muerte imposible. Ellos son lo peor y soy parte de ellos. Me iré a un lugar que está entre el cielo y el infierno. Algunos le dicen purgatorio, yo le digo Chile".
General Custer: "Agáchense que vienen los indios; párense que ya pasaron.... aaaaggg".
Karl Marx: "Recuerden que una cosa es la teoría, pero otra cosa es la práctica".
Luis XVI: "¡Vive la Fran!".
Lázaro: "Yo sé que sería un abuso de mi parte, Señor, pero uno es humano, por lo tanto es débil y en el pedir no hay engaño. Además, ustedes saben lo que dicen en mi pueblo de Betania: que no hay primera sin segunda. Ya lo hizo una vez, entonces hágalo de nuevo. Y si no se puede, no se puede no más".
Luciano Pavarotti: "OOOOOOOOooooooo...".
María Antonieta: "¡Vive la!".
Pablo Neruda: "Matilde, dime, esos gallos que están en el living ¿están disfrazados o son militares?".
Pedro de Valdivia: "Yo creo que está bien fundada, con el río Mapuchuco a un lado y el cerro Huelén al centro. Aire limpio, naturaleza y una ciudad que será un paraíso para vivir. Bueno, bueno, que me marcho por un mes o dos, porque tengo en el sur a un indiecito alzado, Lautaro dicen que se llama. Voy y vuelvo y la ciudad me la dejan donde mismo, no me la tocan, porque está bien fundada, que se los digo yo".
Teniente Bello: "Chuuuuuuuu".
Liberty Valance."No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer". Ésta frase del evangelio de hoy pudo haber sido repetida por el cardenal Raúl Silva Henríquez al recibir el abrazo cariñoso en su encuentro definitivo con el Señor. Él fue un pastor que no sólo supo conducir a la Iglesia en situaciones y caminos difíciles, sino que también supo acompañar a todos los hijos de esta patria, cualquiera fuera su creencia religiosa o su posición política. Él tocó el alma de Chile.
Él no usó su condición de "príncipe de la Iglesia" para "sentarse a la mesa y que lo sirvieran", sino que escuchó la voz de su Señor que le decía "Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú". Así usó todos los privilegios de su cargo, su inteligencia y su coraje para que el Señor fuera atendido y servido en muchos pobres y perseguidos de nuestro país.
El fruto de su obra habría sido imposible si no le "urgiera el amor de Cristo". Alimentado por un diálogo profundo y cotidiano con Dios, pudo responder como pastor a la necesidad de la sociedad chilena que pedía a gritos al Señor: "auméntanos la fe". Nos mostró una fe viva, inteligente, que responde al Señor que nos habla en los acontecimientos de la historia. No la fe de quien se sienta a la mesa y quiere servirse de Dios para sus propios y mezquinos intereses, sino la fe de quién se siente instrumento en manos de Dios y quiere servirlo en los demás como humilde empleado que sirve la mesa.
La fe que nos transmitió como pastor fue tan poderosa, que más que "arrancar de raíz un árbol frondoso y plantarlo en el mar", arrancó de raíz el miedo que nos sometía. Fue la voz de los sin voz. Su voz potente y varonil, serena y evangélica, se hizo para algunos incómoda y peligrosa, pero para la gran mayoría fue profética. Y como todo profeta fue perseguido y calumniado, por quienes sustentaban el poder, por medios de comunicación y por algunos católicos. Muchos de los que ayer sembraron la cizaña sobre él, hoy ya muerto, los vemos empujándose para aparecer agarrando las manillas del cajón...
Pero el pueblo de Chile, que es difícil de confundir, supo muchas veces y en múltiples ocasiones reconocer al Pastor y homenajearlo gritándole: "Raúl, amigo, el pueblo está contigo..."
Señor, en ésta etapa distinta que vive Chile, ayúdanos a que no nos quedemos mirando para atrás, que la figura del cardenal nos involucre con los nuevos desafíos, con una fe viva, enraizada y urgida por el amor de Cristo.
PADRE FELIPE BERRÍOS
Capellán de un Techo para Chile
Una escena que no se veía desde el mismo 11 de septiembre de 1973. El Palacio de La Moneda se encuentra sitiada por fuerzas policiales para impedir que la ciudadanía y los seguidores del ex Presidente Salvador no se agrupen, en masa, en Morande 80.
Las Alamedas nuevamente se cierran para los chilenos ya que este emblemático día el gobierno encabezada por la socialista Michelle Bachelet dio instrucciones a su ministro del Interior, Belisario Velasco para que impidiera el paso de los seguidores del ex presidente Salvador Allende.
Desde las primeras horas de está mañana, La puerta lateral del Palacio de La Moneda, por donde fue sacado el cadáver del presidente chileno Salvador Allende en 1973, ha el escenario-tras una marcha el domingo- de homenajes de varias fuerzas populares.
El punto está identificado con el número 80 de la céntrica calle Morandé, a pocos metros de donde se erige un monumento, en la Plaza de la Constitución, al ex mandatario socialista.
El aniversario de su muerte tras el golpe militar de Augusto Pinochet concita, como todos los años, tensiones para las autoridades en previsión de posibles incidentes, mientras las organizaciones sociales denunciaron una política represiva del gobierno.
Para este "primer 11 de septiembre sin Pinochet", la Intendencia de Santiago dispuso que solamente 12 organizaciones podrán rendir homenaje a Allende en esos lugares.
Desde primera hora y en forma escalonada desfilaran delegaciones de entre 10 y 30 personas pertenecientes a los partidos Comunista, Socialista, Izquierda Cristiana y Por La Democracia, así como al Juntos Podemos Más.
También lo han realizado varias organizaciones, como la Agrupación de Familiares de Detenidos, Ejecutados y Desaparecidos del Palacio de La Moneda, ex miembros de la seguridad de Allende (GAP) y otros.
El ministro vocero del gobierno, Ricardo Lagos Weber, precisó la víspera que habrá un dispositivo policial adecuado a las circunstancias para garantizar el derecho a hacer los homenajes, pero también asegurando la seguridad y el orden público.
Minutos antes de los homenajes, dirigentes de los partidos Comunista e Izquierda Cristiana reiterarán su decisión de denunciar ante organismos internacionales de los derechos humanos la represión policial desplegada el domingo que terminó con casi 200 detenidos.
Ayer entregaron una carta dirigida a la presidenta Michelle Bachelet denunciando la represión policial contra quienes marcharon en Santiago en homenaje a Allende.
Señalaron que asistieron, en los hechos, a "la puesta en práctica del Estado de Sitio" y a la presencia desmedida de fuerzas policiales, así como a la represión y detención de dirigentes emblemáticas de agrupaciones de derechos humanos.
Por su parte, la vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (AFDD), Mireya García, calificó de innecesarias las medidas de prevención: "nadie -dijo- va a hacer algo que atente en contra de la memoria del Presidente Salvador Allende".
Asimismo, se informó que la misma efemérides será recordada por familiares y seguidores de Pinochet, quien falleció hace 10 meses, que organizaron dos misas en haciendas privadas de las afueras de Santiago.
También circuló un comunicado de la empresa de energía eléctrica Chilectra, anunciando un "plan de contingencia" con helicópteros y 700 personas en 150 cuadrillas ante la eventual interrupción del servicio debido a "disturbios y actos vandálicos" durante la conmemoración.
Santiago de Chile, 11 de septiembre 2007
Fred Bennetts
Date: September 18, 2007 6:21:38 PM EDT
Subject: Fui agredido en Santiago por carabineros con ocasion del Te Deum Valparaíso, 18 de septiembre
Queridos amigos,
Hoy fui a Santiago para manifestarme en las escalinatas de la Catedral antes del Te Deum . Puesto que es el gran día de la jerarquía como institución - organizan este evento con muchos invitados y mucha panoplia - me pareció apropiado llevar un cartel alusivo a los 7 sacerdotes que dieron su vida por los pobres, habiendo sido asesinados y, en la mayoría de los casos, calumniados por el régimen militar. Son: Joan Alsina, Omar Venturelli, Antonio Llidó, Étienne Pesle, Gerardo Poblete, André Jarlan y Miguel Woodward. Pedía a los obispos que refutasen las calumnias - que hasta ahora nunca han sido refutadas ni desde el púlpito ni por cualquier otro medio.
Además, llevaba una petición sobre ese tema dirigido al Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Alejandro Goic, firmado por 75 personas.
Me encontré con que las fuerzas de seguridad habían acordonado toda la Plaza de Armas y dos cuadras alrededor. Por lo tanto tuve que dirigirme a Banderas esquina con Moneda por donde pasaban los autos oficiales camino a la Catedral. Me puse por detrás de una barrera frente a unos carabineros.
Aproximadamente a las 10.35, desplegué mi cartel y fui inmediatamente rodeado por varios carabineros, uno de los cuales sin explicaciones lo destrozó. Cuando le increpé, haciendo referencia a la libertad de expresión y preguntándole por la ordenanza que le permitía actuar de esa forma se limitó a decir "hoy no".
Esperé unos diez minutos más hasta que se veía a la Presidenta en su vehículo oficial y entonces saqué de mi carpeta una hoja, un folio que detallaba los nombres de los 7 sacerdotes para que la Presidenta, sin, evidentemente, poder leerlo, pudiera al menos ver que había algo que quería comunicarle.
Inmediatamente, sin más. fui agredido por varios carabineros y, con especial contundencia, por un joven de civil que se encontraba a mi lado. Sin medir palabra y sin tratar de leer lo escrito en el folio, me tiraron al suelo y el joven se echó con todo su peso sobre mi, inmovilizándome durante unos tres minutos.
Durante ese tiempo uno de los carabineros agarró mi carpeta y salió corriendo, igual que los demás carabineros cuando vieron que se acercaban unos fotógrafos de prensa. El joven, mientras tanto, me dijo que era policía y que yo estaba detenido.
Al levantarme, desapareció el policía y me dirigí en primer lugar a los carabineros que habían vuelto a aparecer, requiriendo mi carpeta.
Se apartaron sin contestar y cuando les seguí me encontré con que al lado suyo estaba el policía quien me había agredido y otro de los carabineros que tenía mi carpeta. Me dirigí a uno de ellos que tenía el nombre Moya en su uniforme y que se identificó como responsable de los funcionarios allí presentes. Me identifiqué, presentándole mi pasaporte británico con el cual entré en Chile ayer. Él transmitió los datos a un superior suyo por celular. Le pregunté al oficial Moya si el joven era en realidad policía y me contestó que sí y que estaba bajo sus órdenes. Le pedí que me diera el nombre de ese policía y se negó a ello.
Puesto que mi brazo sangraba por causa de la agresión, le pedí al oficial Moya donde podría encontrar un hospital donde curarme. Me dijo que en la Avenida Portugal - que, averigué mas tarde, estaba a bastante distancia. Luego le pregunté donde había una Comisaría para denunciarle y me contestó que no iba a decírmelo.
Dadas esas circunstancias decidí regresar a Valparaíso.
Presentándome en Urgencias del Hospital Van Buren me dieron un parte que hace referencia a lesiones en un brazo, que me curaron, y hematomas en varias partes del cuerpo. Luego denuncié los hechos en la Policía de Investigaciones de Valparaíso. Entiendo que el informe policial allí redactado será enviado al Fiscal de guardia mañana y que, previsiblemente, éste se declarará incompetente, reenviándolo a la Fiscalía apropiada en Santiago.
Hasta el día de hoy no tengo noticias de las investigaciones que pudieran haberse llevado a cabo a este respecto.
Espero que verán bien dar a conocer que Carabineros está actuando fuera de la ley y que los obispos siguen despreocupados por la verdad.
Saludos,
Fred
De estos documentos surge la historia del mayor proyecto de propaganda de la agencia -autorizado por los más altos niveles del gobierno norteamericano- que dependió del periódico más relevante de Chile: El Mercurio, y su bien conectado dueño, Agustín Edwards.
En Chile, el avejentado Edwards sigue siendo una influyente y poderosa figura de los medios, y aquí, en Estados Unidos, las acciones encubiertas vuelven a realizarse y el poder ejecutivo está cada vez más envuelto en secretos. La historia del 11de septiembre de 1973 continúa resonando.
Durante los últimos dos años, un grupo de editores, periodistas, estudiantes de periodismo y abogados de los derechos humanos han estado reuniendo pruebas en Santiago de Chile contra el magnate de los medios chilenos, Agustín Edwards, para, al menos, conseguir que sea expulsado de la Colegio de Periodistas Chilenos. El editor de la revista izquierdista Punto Final, Manuel Cabieses, ha presentado una petición formal en la que acusa a Edwards de violar el código de ética del Colegio al haber conspirado con el gobierno de Richard Nixon y la CIA, entre 1970 y 1973, para fomentar el golpe militar que derrocó al gobierno electo de Salvador Allende instaurando en el poder al general Augusto Pinochet.
Las acusaciones de tipo éticas contra Edwards se podrían beneficiar de un cuidadoso análisis de documentos desclasificados estadounidenses que aportan una considerable cantidad de información sobre las operaciones encubiertas de la CIA en Chile.
Desde 1975, cuando una comisión especial, presidida por el senador de Idaho, Frank Church, emitió su informe titulado "Acciones encubiertas en Chile: 1963-1973", se ha convertido en un secreto a voces que la CIA aportó abundante financiamiento a El Mercurio, poniendo a reporteros y editores en su nómina, y usando al periódico, en palabras de la comisión, como "el más importante canal de propaganda antiallendista". Pero con la desclasificación de miles de archivos de la CIA y de la Casa Blanca al final de la presidencia de Bill Clinton, la historia del "Proyecto El Mercurio" aparece mucho más en detalle. Entre las revelaciones más importantes de los documentos están las siguientes:
Incluso antes de que Allende fuera juramentado Presidente de Chile, Edwards acudió a Washington para discutir con la CIA "el momento oportuno para una acción militar" y así evitar que Allende asumiera el poder.
El Presidente Nixon autorizó personalmente la financiación masiva del periódico. La Casa Blanca aprobó la adjudicación de casi $2 millones, una suma significativa al convertirlos en escudos chilenos en el mercado negro.
Mensajes secretos de la CIA de mediados de 1973 identificaron a El Mercurio como "uno de los elementos de oposición más militantes" en su intento por derrocar a Allende.
Después del golpe, la CIA continuó financiando encubiertamente a los medios para influenciar a la opinión pública chilena en favor del nuevo régimen militar, a pesar de la represión brutal del general Pinochet.
Los documentos ofrecen el más detallado relato de uno de los proyectos de propaganda encubierta más famosos de la CIA, el cual jugó un papel muy superior, a lo antes pensado, en lo que acabaría siendo la dictadura militar de Pinochet. Aclaran, además, la disposición del periódico más importante de Chile -comparado, por su prestigio y relevancia, al New York Times en Estados Unidos- para colaborar en fomentar el golpe.
VISITA A WASHINGTON
Mucho antes de que Allende se convirtiera en el primer jefe de Estado socialista electo en el hemisferio occidental, Agustín Edwards comenzó a presionar a influyentes amigos estadounidenses para que apoyaran una agresiva intervención norteamericana. En su autobiografía publicada el año pasado, David Rockefeller recuerda que Edwards le dijo en marzo de 1970 que "Estados Unidos debe evitar la elección de Allende".
Un día antes de que los chilenos votaran (el 4 de septiembre), Edwards fue en busca de ayuda a la Embajada de Estados Unidos. "Invirtió todas sus ganancias de años en nuevas industrias y modernización, y se arruinaría si Allende triunfara", Edwards le dijo al embajador, Edwards Korry, tal y como Seymour Hersh relata en su libro “El precio del poder”. Korry predijo que ganaría otro candidato, el patriarca conservador Jorge Alessandri, apoyado por El Mercurio, sin embargo, Allende logró un ajustado triunfo.
Edwards le pidió al jefe de operaciones en Chile, Henry Hecksher, que le arreglara otra reunión más privada con Korry, fuera de la embajada. Korry recuerda lo siguiente: "Edwards dijo que quería hacerme sólo una pregunta: ¿Va a hacer algo Estados Unidos, directa o indirectamente?”, Korry dijo: "Mi respuesta es no".
Poco después, Edwards voló a Estados Unidos donde hizo uso de toda la influencia que tenía sobre amigos y funcionarios cercanos al Presidente Nixon. En Washington, tal y como reflejó Kissinger en sus memorias “Los años en la Casa Blanca”, Edwards se alojó en la casa de Donald Kendall, presiente de PepsiCo, uno de los amigos más cercanos de Nixon y uno de sus contribuyentes políticos más generosos. El 14 de septiembre, Kendall realizó una visita social a la Casa Blanca y le comunicó a Nixon lo que Edwards le había dicho. Henry Kissinger, el asesor de seguridad nacional, y el procurador general, John Mitchell, subsecuentemente se reunieron con Edwards y Kendall, casi con seguridad a instancias de Nixon..
Durante 30 años, lo que Edwards le dijo al director de la CIA, cuando se reunieron en un hotel de Washington, ha sido un alto secreto. Pero ahora el memorando de la CIA titulado "Discusión de la situación política chilena" ha sido desclasificado. El nombre de Edwards está tachado con tinta negra, pero el texto deja claro que la reunión no puede ser ninguna otra que él mantuvo con Helms, a la cual Kissinger y otros aludieron. El documento revela que Edwards trató de fomentar operaciones estadounidenses encubiertas con el propósito de planear un golpe militar que impidiera que Allende asumiera la presidencia. El memorando refleja la opinión de Edwards de por qué perdió Alessandri y "la posibilidad de una solución constitucional", que fue la sugerencia inicial que presentó la embajada estadounidense donde, según muestran documentos, la CIA sobornaría a congresistas chilenos para que ratificaran a Alessandri en vez de a Allende, luego éste renunciaría y se convocarían a nuevas elecciones a las que iría como candidato el Presidente saliente, el demócrata cristiano Eduardo Frei, quien presumiblemente ganaría. Pero el memorando también incluye una discusión que refleja los riesgos de esta solución parlamentaria:
Podría no funcionar. ¿Y entonces qué?
Algún congresista podría actuar demasiado pronto y anunciar sus intenciones prematuramente, lo que precipitaría que los comunistas "se echaran a la calle".
El general Retirado Roberto Viaux, líder de una asonada militar en octubre de 1969 (tachado) o "algún otro loco" podría tratar de dar un golpe, lo que arruinaría cualquier esfuerzo serio.
El documento describe que Helms y Edwards también discutieron sobre otra opción: "Cuándo realizar una acción militar".
En una reunión de 15 minutos, la tarde del 15 de septiembre, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Nixon emitió la, ahora famosa, orden a Helms de que fomentara una iniciativa militar en Chile para evitar que Allende llegara al poder. "1 posibilidad entre 10, pero salvemos Chile” ... No preocuparse de los riesgos ... $10.000.000 disponibles, más si hiciera falta. Trabajo de tiempo completo, los mejores hombres disponibles", fueron las notas que tomó Helms durante su reunión con Nixon.
Helms más tarde testificó ante la Comisión Church que "tengo la impresión de que el presidente convocó esta reunión en la que tomé mis notas debido a la presencia de Edwards en Washington y por lo que ... Edwards estaba diciendo de las condiciones en Chile".
FINANCIAR EL MERCURIO
Pese a los enconados esfuerzos de la CIA por fomentar el caos y un clima que condujera a un golpe militar en el otoño de 1970, el 24 de octubre el Congreso chileno ratificó a Allende como Presidente y el 3 de noviembre fue juramentado. Tres días después, Nixon convocó a su Consejo de Seguridad Nacional para discutir una estrategia más amplia que perjudicara a Allende y, en palabras del secretario de Estado, William Rogers, "derrocarlo". Días después, Kissinger presentó al Presidente un plan de cinco puntos sobre operaciones de la CIA diseñadas para desestabilizar la capacidad de gobierno de Allende. El punto cuatro recomienda "Asistir a ciertos periódicos y utilizar otros medios de comunicación chilenos que puedan criticar al gobierno de Allende".
La asistencia estadounidense al grupo de medios de Edwards comenzó incluso antes de la juramentación de Allende. A finales de septiembre de 1970, mientras funcionarios norteamericanos presionaban secretamente a compañías e instituciones financieras estadounidenses para que se retiraran de Chile y así perjudicar la economía, el embajador Korry intervino para convencer a uno de los acreedores estadounidenses de El Mercurio, First NCB, para mostrarse flexible sobre las obligaciones financieras de Edwards.
En la época de la elección de Allende, El Mercurio ya estaba en dificultades financieras. Pero las instrucciones de Nixon del 15 de septiembre de "hacer que la economía chille" y de un bloqueo invisible para obstaculizar las transacciones bilaterales y multilaterales con Chile -junto con el programa socialista de Allende-, claramente tuvieron un impacto en la solvencia financiera de la compañía, al igual que en todas las grandes empresas del país. Ante los conflictos laborales fomentados por los sindicatos dominados por la izquierda y la reducción de la publicidad estatal en la prensa por parte del gobierno de Allende -a raíz de una ley aprobada por la mayoría opositora del Congreso chileno-, Edwards acusó al gobierno de la Unidad Popular de intentar deliberadamente silenciar a los medios opositores del país. De esta manera, la libertad de prensa se convirtió en el tema más preponderante de la propaganda de la administración Nixon contra Allende.
El 8 de septiembre, la CIA presentó una propuesta de 10 partes a la Comisión de los 40 -el grupo secreto intragubernamental, presidido por Kissinger, que supervisó las operaciones encubiertas- argumentando que "El Mercurio necesitaría al menos $1 millón para sobrevivir durante el próximo o próximos dos años". La CIA indicó que "sin este apoyo financiero, se verá obligado a cerrar antes de fines de septiembre. Aunque este cierre sería por motivos económicos", especuló la agencia de espionaje, "no hay duda de que estos problemas financieros han sido inspirados políticamente".
La solicitud de la CIA provocó un significativo y revelador debate interno entre la burocracia estadounidense. En un informe de opciones ultra secreto, ahora desclasificado, entregado a Kissinger, presentó dos "opciones básicas":
A: "Ofrecer extenso financiamiento al periódico, con el entendimiento de que no sería suficiente para impedir que el gobierno de Allende lo cerrara (por ejemplo a través del control del papel o de huelgas.) Esto incluiría un compromiso inicial de al menos $700.000.
B: "Dejar que El Mercurio se arruine y lanzar una gran campaña de propaganda sobre el tema de la libertad de prensa".
La Opción B era arriesgada, indicó el memorando, porque "Allende podría responder demostrando que sería la ineptitud financiera de El Mercurio la que hubiera causado el cierre". El jefe de operaciones de la CIA en Santiago y el embajador Korry apoyaron el financiamiento, otros funcionarios creyeron que $1 millón era "un precio muy alto por un poco de tiempo extra" si el periódico iba a cerrar de cualquier manera.
El periódico recibiría $700.000, pero Estados Unidos "condicionaría el apoyo a que El Mercurio lanzase un intenso ataque público contra los esfuerzos del gobierno de Allende de clausurar el diario".
El 14 de septiembre de 1971, los documentos muestran que Nixon personalmente autorizó $700.000 -y cientos de miles más- en fondos encubiertos para El Mercurio.
Apoyándose en la fuerza de la decisión presidencial, Helms ordenó a su división del hemisferio occidental que "se excediera de los $700.000 y los aumentara, incluso a más de $1.000.000, siempre y cuando fuera necesario para mantener el periódico abierto". En resumen, en una decisión que aparentemente se mantuvo en secreto de los investigadores del senado en 1975 y subsecuentemente tachada de todo documento desclasificado de la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional, Kissinger personalmente aprobó los $300.000 adicionales para el periódico, según un sumario de la CIA. Al comprar moneda chilena en el mercado negro, la CIA aportó 67 millones de pesos a El Mercurio.
Aparentemente, esa cantidad no fue suficiente. En abril de 1972, la CIA solicitó "$965.000 adicionales para ofrecérselos a El Mercurio". En esta ocasión la agencia desechó el argumento de que Allende amenazaba con clausurar el periódico, el problema era su solvencia financiera. La nueva cantidad, se informó a Kissinger en un memorando ultra secreto, se "usaría para pagar un préstamo, para cubrir el déficit operacional mensual hasta marzo de 1973 y para ofrecer un fondo de contingencia de (tachado) para cubrir necesidades de urgencia como requisitos crediticios, nuevos impuestos, y otras deudas bancarias que surgen con escaso aviso previo". .
Esta asignación elevaría el total de las contribuciones de la CIA para el periódico a $1,95 millones en menos de siete meses -unos $8,4 millones en dólares de hoy- y decenas de millones de pesos chilenos en el mercado negro. Una cantidad adicional indeterminada llegó también a El Mercurio, a través del colaborador principal de la CIA en Chile, la ITT Corporation. Un memorando de conversación del 15 de mayo de 1972 -hoy desclasificado- entre el funcionario de la CIA, Jonathan Hanke, y el ejecutivo de ITT, Hal Hendrix, registra una discusión sobre unos $100.000 en depósitos bancarios que la corporación estaba desviando secretamente a la compañía de Agustín Edwards. Hendrix, como informó Hanke a sus superiores, "me dijo que el dinero para el grupo de Edwards se canalizó a través de un banco suizo".
SE CONSTRUYE UN GOLPE
¿Cómo se usó este dinero? "La asistencia recibida por El Mercurio ha permitido a ese periódico independiente sobrevivir como un portavoz efectivo de la democracia chilena y contra el gobierno de la UP (Unidad Popular)", dijo la CIA en un memorando ultra secreto a la Comisión de los 40. Pero liderar la oposición contra Allende no fue lo mismo que apoyar el proceso democrático en Chile. De hecho, con asistencia de los fondos encubiertos, el imperio mediático de Edwards se convirtió en uno de los protagonistas más prominentes en la caída de la democracia chilena.
Para 1972, el periódico "publicaba casi diariamente editoriales de crítica contra el gobierno de Allende", y "guiaba y arengaba a la oposición", informó la CIA en un resumen sobre el “Proyecto El Mercurio”. "El Mercurio continúa jugando un papel de liderazgo en moldear la opinión pública chilena", concluyó la estación de la CIA en Santiago el 21 de febrero de 1973 en un informe. "El Mercurio (tachado) lanzó una extensa campaña publicitaria para culpar al gobierno de Allende de las penurias económicas de Chile, colocando anuncios allá donde fuera posible".
Pero las actividades del grupo mediático de Edwards fueron mucho más allá de colocar anuncios y publicar artículos incendiarios y editoriales contra Allende. Con el apoyo de la CIA, El Mercurio se posicionó como el clarín de la agitación organizada contra el gobierno, y como aliado de las fuerzas militares golpistas antes de la asonada. El 2 de mayo, en uno de los mensajes más comprometedores escritos por la estación de la CIA, su jefe informó a la sede de la agencia en Langley sobre las actividades de las fuerzas políticas dentro y fuera del ejército que trabajaban por el derrocamiento de Allende. El agente identificó a "la cadena de periódicos El Mercurio" como "uno de los elementos de oposición más militantes" -otros grupos incluían el grupo paramilitar neofascista “Patria y libertad” y el ultra conservador Partido Nacional, quienes habían recibido fondos de la CIA -que "se han propuesto la creación de conflictos y confrontaciones que lleven a algún tipo de intervención militar". Cada uno de estos grupos, indica el mensaje, "están tratando de coordinar sus esfuerzos con miembros de las Fuerzas Armadas que conocen y comparten este objetivo".
En junio de 1973, mientras aumentaban dramáticamente las tensiones sociales y circulaban rumores de golpe de Estado en Santiago, El Mercurio publicó un editorial que en esencia defendía una insurrección. Allende ha dejado de ser el Presidente constitucional, declaró el periódico. El 21 de junio, Allende invocó una ley de libelo, aprobada por una administración previa, y ordenó el cierre del diario durante seis días, pero sólo un día después, una corte de apelaciones dictaminó que el gobierno no tenía derecho a clausurar el periódico y El Mercurio reanudó su campaña de oposición y agitación.
Sólo una semana después, el 29 de junio, el Ejército chileno intentó un golpe sin éxito. La situación se deterioró rápidamente y Allende fue derrocado en los próximos tres meses. El 11 de septiembre de 1973, la aviación chilena bombardeó el palacio presidencial, Allende murió de una herida de bala en un acto de suicidio, y una junta militar, comandada por el general Augusto Pinochet, se adjudicó el control del gobierno.
Eventualmente, la división de operaciones encubiertas del hemisferio occidental de la CIA, reconoció que El Mercurio hizo posible el golpe: “Antes de la asonada, los medios de comunicación del proyecto mantuvieron un ataque continuo contra el gobierno, explorando cualquier punto de fricción entre las fuerzas de Allende y la oposición democrática, y recalcando los problemas y conflictos que se estaban creado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas”.
En una verdadera admisión de que las operaciones encubiertas de Estados Unidos contribuyeron directamente al derrocamiento de Allende, la CIA concluyó que "el proyecto de propaganda de la Estación de Santiago", en el cual El Mercurio era el protagonista dominante, "jugó un papel significativo en preparar el golpe militar del 11 de septiembre 1973".
APOYO A PINOCHET
En septiembre de 1974, cuando Seymour Hersh expuso las operaciones encubiertas de la CIA para desestabilizar a Allende en The New York Times, el Presidente Gerald Ford se vio obligado a defenderlas públicamente como "un verdadero beneficio para el pueblo de Chile, y ciertamente en nuestro propio beneficio". Hubo un esfuerzo por parte del gobierno de Allende "de destruir los medios de comunicación opositores, tanto la prensa escrita como los medios electrónicos", dijo Ford a periodistas. "Los esfuerzos (encubiertos) que se realizaron en este caso fueron para ayudar a preservar los periódicos y los medios electrónicos de oposición".
De hecho, fue el régimen de Pinochet, y no Allende, quien destruiría la prensa libre en Chile. Después del sangriento golpe -unas 1.500 personas fueron asesinadas por los militares en las semanas sucesivas- la junta clausuró todos los medios de comunicación, menos los controlados por el Estado. Claro, hubo algunas excepciones, la más prominente fue El Mercurio.
Como parte del presupuesto de propaganda fiscal del año 1974 de la CIA, la Estación de Santiago continuó financiando encubiertamente a la prensa derechista chilena, la que, de ser la voz opositora a Allende, pasó a convertirse en la principal fuerza independiente promilitar del país. Puesto que el financiamiento iba a expirar a principios de 1974, la división del hemisferio occidental determinó que era necesaria una extensión para permitir a los medios del régimen militar que realizaran un paulatino abandono de la nómina clandestina estadounidense.
Ya que el Departamento de Estado estaba presionando para clausurar sus proyectos de acciones encubiertas anteriores al golpe, la división del hemisferio occidental de la CIA pareció haber solicitado, y obtenido, $176.000 adicionales para dar a "este mecanismo de propaganda múltiple la oportunidad de localizar fuentes financieras alternativas", de acuerdo con memorandos secretos de la agencia. Pero con Pinochet asentado firmemente en el poder, desapareció la necesidad de financiar el proyecto mediático. Al parecer, a finales de febrero de 1974, según documentos, los agentes de la estación de la CIA se reunieron con sus contactos chilenos, y les dijeron que "todo el apoyo de subsidios ... cesaría" a finales del año fiscal. El jefe de la estación informó en un mensaje secreto del 1 de marzo de 1974, dirigido a Phillips, que "esta noticia fue recibida con gran sorpresa y decepción".
Pinochet permanecería en el poder durante 17 años. En ese periodo, El Mercurio sirvió como fiel valladar de la dictadura, optimizando sus logros económicos y minimizando -hasta el punto de la distorsión y la ofuscación- su extensa represión, la que incluyó el asesinato y desaparición de miles de chilenos, la tortura sistemática y múltiples actos de terrorismo internacional en América Latina, Europa y Estados Unidos.
Sólo 30 años después del golpe, Chile ha empezado a abrir este capítulo de su pasado. El arresto de Pinochet en Londres en 1998 -el general logró escapar de la extradición a España por crímenes contra los derechos humanos y eventualmente se le permitió regresar a Chile, donde la Corte Suprema dictaminó que era mentalmente incapaz de ser juzgado- dio paso a acusaciones, arrestos y encarcelamientos de varios de sus camaradas militares. Pero ¿qué se hizo de Edwards y su compañía mediática y otros protagonistas del sector privado que colaboraron activamente en la eliminación de la democracia electoral y el advenimiento de una brutal dictadura militar?
Los intentos de presentar acusaciones éticas contra Agustín Edwards ante el Colegio de Periodistas es un gesto totalmente simbólico, aunque realmente significa el principio de un movimiento para hacer a los civiles responsables de sus actos. Los documentos estadounidenses que registraron secretamente esas acciones pueden aportar pruebas valiosas, si no para emprender acciones judiciales, sí para al menos conocer las responsabilidades morales.
La siguiente es la conversación telefónica entre Henry Kissinger, (Secretario de Estado); William D. Rogers (Subsecretario para Asuntos Interamericanos), y Anthony Hervas (intérprete) con Augusto Pinochet, Patricio Carvajal (Canciller) Manuel Trucco, (Embajador chileno en Estados Unidos), y Ricardo Claro Valdés (coordinador de la conferencia de la OEA por el Gobierno)
Asamblea General de la OEA, Santiago de Chile, 8 de junio de 1976
Kissinger: Este es un hermoso edificio. La conferencia está bien organizada. ¿Usted se está reuniendo con todas las delegaciones?
Pinochet: Sí. Dos o tres al día. Quiero decirle que estamos muy agradecidos que usted haya venido a la conferencia.
Kissinger: Es un honor. Quedé muy impresionado con la recepción popular cuando llegué. Tengo fuertes sentimientos de amistad hacia Chile.
Pinochet: Este es un país de gente de buen corazón que ama la libertad. Esta es la razón por la cual no aceptaron el comunismo cuando los comunistas intentaron tomarse este país. Es una larga lucha de la cual somos parte. Es una etapa del mismo conflicto que explotó durante la guerra civil española. Y destacamos el hecho de que a pesar de que los españoles trataron de parar al comunismo hace 40 años, en España está floreciendo otra vez.
Kissinger: Recientemente recibimos al rey español y discutí con él exactamente ese mismo tema.
Pinochet: Yo he estado siempre en contra del comunismo. Durante la guerra de Vietnam yo me reuní con algunos de sus militares y les dejé claro mi anticomunismo y les dije que esperaba que ellos pudieran derrotarlo.
Kissinger: En Vietnam nos derrotamos a nosotros mismos debido a nuestras divisiones internas. Hay una campaña comunista internacional.
Pinochet: Chile está sufriendo debido a esa propaganda. Desgraciadamente no tenemos los millones necesarios para hacer contra-propaganda.
Kissinger: Debo decir que su representante (Sergio Diez) fue muy efectivo al explicar su posición durante la Asamblea General de esta mañana. En los Estados Unidos, como usted sabe, tenemos simpatía por lo que usted está tratando de hacer aquí. Yo pienso que el gobierno anterior iba en la dirección del comunismo. Nosotros le deseamos lo mejor a su gobierno. Al mismo tiempo, nosotros enfrentamos problemas domésticos masivos respecto al tema de los derechos humanos en todas las ramas del gobierno, especialmente en el Congreso pero también en el Ejecutivo. Como usted sabe el Congreso está ahora debatiendo mayores restricciones en la ayuda a Chile. Nosotros nos oponemos a ello. Pero básicamente nosotros no queremos intervenir en sus asuntos domésticos. Nosotros no podemos ser precisos en nuestras propuestas sobre lo que usted debe hacer. Sin embargo, este es un problema que complica nuestras relaciones y los esfuerzos de aquellos que son amigos de Chile. Esta tarde yo voy a hablar sobre derechos humanos en la Asamblea General. Yo postergué mi discurso hasta que pudiera hablar con usted. Yo quería que usted entendiera mi posición.
Nosotros queremos manejar el asunto en términos de persuasión moral y no en términos de sanciones legales. Por esta razón nos oponemos a la Enmienda Kennedy. En mi discurso voy a tratar el asunto de derechos humanos en términos generales y los derechos humanos en el contexto mundial. Me voy a referir en dos párrafos al informe sobre Chile de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. Yo voy a decir que el tema de los derechos humanos ha afectado las relaciones entre Estados Unidos y Chile. Esto es en parte el resultado de las acciones del Congreso. Voy a agregar que yo espero que usted elimine estos obstáculos pronto.
También voy a destacar el informe sobre Cuba y la hipocresía de algunos que manejan el tema de los derechos humanos como un medio para intervenir en los gobiernos. Yo no puedo hacer menos que esto sin provocar en Estados Unidos una reacción que lleve a restricciones legislativas. El discurso no es contra Chile. Yo le quería decir esto. Mi evaluación es que usted es una víctima de los grupos izquierdistas alrededor del mundo y que su mayor pecado fue derrocar a un gobierno que iba en dirección del comunismo. Pero tenemos un problema práctico que debemos tener en cuenta sin provocar presiones incompatibles con su dignidad y que al mismo tiempo no conduzcan al establecimiento de legislación que dañe nuestra relación. Sería de gran ayuda que usted nos informe sobre las medidas que está tomando en el campo de los derechos humanos.
Nada de esto es dicho con la intención de minar a su gobierno. Yo quiero que usted salga adelante y quiero mantener la posibilidad de ayuda. Si derrotamos la Enmienda Kennedy (Yo no sé si usted escucha mis conversaciones telefónicas, pero si usted lo hace, usted acaba de escuchar mis instrucciones a Washington para hacer exactamente eso), nosotros vamos a hacerle llegar los F-5 que hemos acordado. Vamos a esperar un poco en otros temas para evitar darles munición adicional a nuestros enemigos.
Pinochet: Estamos volviendo paso a paso a la institucionalidad. Sin embargo, estamos siendo constantemente atacados por los demócratas cristianos. Ellos tienen una voz muy fuerte en Washington. No la gente en el Pentágono, pero se las arreglan para meterse en el Congreso. Gabriel Valdez tiene acceso. También Letelier.
Kissinger: Yo no he visto un demócratacristiano por años.
Pinochet: También Tomic y otros que no recuerdo. Letelier tiene acceso al Congreso. Nosotros sabemos que están dando información falsa. Vea usted, nosotros no tenemos experiencia en cuestiones de gobierno. Estamos preocupados por nuestra imagen. En unos pocos días vamos a publicar el artículo constitucional sobre derechos humanos y también otro que va a establecer el Consejo de Estado. Hay varios esfuerzos que estamos realizando para establecer la institucionalidad.
En el área económica, hemos pagado nuestras deudas después de renegociarlas. Estamos pagando 700 millones en deudas con intereses este año. Hemos hecho una reforma agraria. Y estamos tomando otras medidas constitucionales. Hemos liberado a la mayoría de los prisioneros detenidos. Recientemente a 60 más. El 11 de septiembre de 1974 yo desafié a los soviéticos a que liberen a sus prisioneros. Sin embargo, no lo han hecho, mientras que nosotros solamente tenemos 400 personas que están actualmente detenidas. En el plano de las relaciones internacionales, estamos funcionando bien. En el caso de Bolivia, hemos expresado nuestra buena voluntad. Todo depende de Perú ahora.
Kissinger: Tengo la impresión de que Perú no tiene muchas simpatías.
Pinochet: Usted está en lo correcto. Perú no quiere que prospere la idea.
Kissinger: Los peruanos me dijeron que no obtendrían un puerto según el arreglo.
Pinochet: Perú se está armando. Perú está tratando de comprar un portaaviones de los británicos por 160 millones. También está construyendo 4 torpederos en Europa. Perú está rompiendo el equilibrio de armas en el Pacífico Sur. Tiene 600 tanques de la Unión Soviética. Nosotros estamos haciendo lo que podemos para mantenernos en pie en caso de una emergencia.
Kissinger: ¿Y qué están haciendo?
Pinochet: Principalmente, estamos modificando viejos armamentos, arreglando chatarra. Nosotros somos un pueblo con mucha energía. No tenemos peones.
Kissinger: Entiendo que Chile generalmente gana sus guerras.
Pinochet: Nunca hemos perdido una guerra. Nosotros somos un pueblo orgulloso. En el frente de los derechos humanos, estamos progresando lentamente. Ahora sólo tenemos 400. Hemos liberado a más. Y también estamos cambiando algunas sentencias de modo que los prisioneros puedan salir del país.
Kissinger: Si usted pudiera agrupar las liberaciones, en vez de 20 a la semana, tener un programa más grande de liberaciones, eso sería mejor para el efecto sicológico de las liberaciones. Lo que quiero decir no es que usted debería demorarlas, pero que usted debería agrupar las liberaciones. Pero para volver a la cuestión de la ayuda militar, yo realmente no sé qué va a pasar mañana en el Senado.
Trucco: La Enmienda Buchanan es posible.
Kissinger: Repito que si la versión de la Cámara de Representantes tiene éxito, entonces vamos a enviar los aviones [Trucco discute los aspectos técnicos de la legislación en efecto en 1975-1976-1977]
Trucco: El problema está ahora en el Senado en relación a la Ley [de Presupuesto] para el año fiscal 1977. La Cámara de Representantes ya ha aprobado la Enmienda Fraser.
Kissinger: Yo entiendo. Nosotros tenemos una posición respecto a eso. Mi discurso y nuestra posición están diseñados de modo que podamos decirle al Congreso que estamos conversando con el gobierno chileno y, por tanto, el Congreso no necesita actuar. Teníamos la opción de que yo viniera o no viniera. Decidimos que era mejor para Chile que yo viniera. Mi discurso no es ofensivo para Chile. Noventa y cinco por ciento de lo que digo vale para todos los gobiernos del hemisferio. Ello incluye cosas que vuestra propia gente ha dicho.
Trucco: Eso es cierto. Nosotros estamos fuertemente a favor de reforzar la Comisión [de DD.HH.] de la OEA.
Kissinger: Nosotros no le estamos pidiendo a la OEA que apoye nada. Yo he hablado con otras delegaciones. Queremos una salida que no sea profundamente embarazosa para ustedes. Pero como amigos, yo debo decirles que nosotros enfrentamos una situación en los Estados Unidos según la cual debemos ser capaces de señalar ciertos hechos aquí en Chile, o de lo contrario vamos a ser derrotados. Tal como Angola ha demostrado, el Congreso se encuentra en un estado de tendencia destructiva. Nosotros estábamos en una buena posición en Angola. Nosotros creíamos que Angola podría convertirse en el Vietnam de Cuba. Esto podría haber ocurrido si Cuba hubiera comenzado a tener 20 caídos en combate por semana. Cuba no podría haberse mantenido por mucho tiempo. Nosotros teníamos las fuerzas para ello.
El Congreso nos paró pero yo tengo la convicción de que el Ejecutivo, quienquiera que sea elegido, va a ser más fuerte después de la elección.
Pinochet: ¿Cómo ven los Estados Unidos el problema entre Chile y Perú?
Kissinger: [pausa] No nos gustaría ver un conflicto. Todo depende de quién lo empiece.
Pinochet: La cuestión es realmente cómo prevenir el inicio.
Kissinger: El pueblo americano se preguntaría quién está moviéndose contra quién.
Pinochet: Pero ustedes saben lo que está pasando aquí. Ustedes lo ven con sus satélites.
Kissinger: Bueno, yo le puedo asegurar a usted que si usted se toma Lima, usted va a tener poco apoyo de los Estados Unidos.
Pinochet: Ya lo hicimos una vez, cien años atrás. Sería muy difícil ahora en vista del actual equilibrio de fuerzas.
Kissinger: Si Perú atacara esto sería un asunto muy serio para un país armado con equipo soviético. Sería muy serio. Claramente, nosotros nos opondríamos diplomáticamente. Pero todo depende, más allá de eso. No es fácil generar apoyo para acciones militares de los Estados Unidos en estos días.
Pinochet: ¿Tenemos que combatir con nuestras propias armas?
Kissinger: Yo distingo entre preferencias y probabilidades. Todo depende de cómo ocurra. Si hay una agresión frontal, eso significa una resistencia más fuerte, más generalizada.
Pinochet: Supongamos lo peor, es decir, que Chile es el agresor. Perú se defiende y nos ataca. ¿Qué pasa?
Kissinger: No es tan fácil. Nosotros vamos a saber quién es el agresor. Si usted no es el agresor, usted va a tener apoyo, pero la agresión no resuelve disputas internacionales. Un lado puede montar un incidente. Sin embargo, generalmente, nosotros vamos a saber quién es el agresor.
Carvajal: En el caso de Bolivia, si le damos algo de territorio a Bolivia, el territorio boliviano puede ser garantizado por los Estados Americanos.
Kissinger: Yo he apoyado a Bolivia en sus aspiraciones de una salida al mar, pero de la Flor no está contento con ello.
Carvajal: Si nosotros le diéramos algo de territorio a Bolivia y después Perú usara el puerto, Perú obtendría todo lo que necesita.
Kissinger: Presiento que Perú no aceptaría.
Pinochet: Estoy muy preocupado por la situación peruana. Las circunstancias pueden provocar una agresión por parte de Perú. ¿Por qué están comprando tanques? Ellos tienen artillería pesada, de 155.
Perú se inclina más hacia Rusia que hacia Estados Unidos. Rusia apoya a su gente 100%. Nosotros estamos tras de ustedes. Usted es el líder. Pero usted tiene un sistema que castiga a sus amigos.
Kissinger: Hay mucho mérito en lo que usted dice. Esta es una época muy curiosa en los Estados Unidos.
Pinochet: Nosotros resolvimos el problema de las grandes empresas transnacionales. Nosotros renegociamos las expropiaciones y demostramos nuestra buena fe haciendo pagos oportunos sobre nuestra deuda.
Kissinger: Es una desgracia. Nosotros hemos pasado por Vietnam y Watergate. Tenemos que esperar hasta las elecciones. Nosotros recibimos muy bien el derrocamiento del gobierno pro comunista aquí.
Nosotros no tenemos por propósito debilitar su posición. Respecto a agresión extranjera, sería una grave situación si uno fuera atacado. Eso constituiría una amenaza directa al sistema interamericano.
Carvajal: Hay una influencia cubana masiva en Perú. Hay muchos cubanos allí. Los peruanos pueden ser empujados. ¿Y qué va a pasar con los miles de soldados cubanos actualmente en Africa, cuando ya no se les necesite allí?
Kissinger: Si hay tropas cubanas involucradas en un ataque peruano, entonces el problema es fácil. Nosotros no vamos a permitir una fuerza militar cubana de 5000 cubanos en Perú.
Carvajal: Ahora tienen un sistema según el cual los peruanos [debió decir ’cubanos’ en vez de ’peruanos’] entran en grupos de 20 pero el registro peruano sólo registra 1.
Kissinger: Los cubanos no son buenos soldados.
Carvajal: Sin embargo, existe la posibilidad de un ataque irresponsable.
Claro: Yo tengo fuentes en Perú. Se me dice que existe la posibilidad muy real de que Cuba pueda enviar tropas por vía aérea a Perú.
Kissinger: Esto cambia la situación y el asunto resulta fácil entonces. Nosotros no le vamos a permitir a Cuba otra aventura militar. Una guerra entre Perú y Chile sería un asunto complicado pero una guerra entre Cuba y Chile u otros, no nos sería indiferente.
Claro: Vuestros planificadores estuvieron aquí en 1974. Ellos no creyeron que había una amenaza cubana. Los soviéticos usan Cuba para agredir, yo argumenté. Desde entonces, Angola ha confirmado esto.
Kissinger: Nosotros no vamos a tolerar otra movida militar cubana. Después de la elección, vamos a tener problemas masivos si ellos no han salido de Angola. Segundo, yo también creo muy firmemente que no podemos aceptar coexistencia y subversión ideológica. Ahora tenemos las condiciones para una política más realista. A ustedes les ayudaría mucho si hicieran algún progreso respecto a los derechos humanos, el cual podría ser anunciado en paquetes. Lo más importante son las garantías constitucionales.
El número preciso de prisioneros es lo de menos. El derecho de habeas corpus también es importante. Y si ustedes pudieran darnos información anticipada respecto a vuestros esfuerzos en materia de derechos humanos, nosotros podríamos usar esto. Respecto a los demócratas cristianos, nosotros no los tenemos en cuenta. Yo no he recibido a ninguno desde 1969. Lo que queremos hacer es quitarles las armas a nuestros enemigos. Este es un fenómeno que manejamos de manera especialmente severa con nuestros amigos. Yo quiero ver que nuestras relaciones y nuestra amistad mejoren. Yo incentivé a la OEA a que tuviera su Asamblea General aquí. Yo sabía que iba a ser de prestigio para Chile. Yo vine por esa razón. Nosotros tenemos sugerencias. Nosotros queremos ayudarlos, no debilitarlos. Ustedes le prestaron un gran servicio al occidente al derrocar a Allende. De otra manera Chile habría seguido a Cuba. Entonces no habría habido derechos humanos o una comisión de derechos humanos.
Trucco: Nosotros le entregamos a la Asamblea General nuestras respuestas a algunas de las sugerencias del señor secretario. Lo que va a faltar será nuestra explicación de las Actas Constitucionales que se están preparando.
Kissinger: ¿Podrían terminarlas mientras la OEA está aquí?
Pinochet: Nosotros hemos querido no hacer nada mientras la OEA está aquí, pues de lo contrario parecerá que lo estamos haciendo para evitar las presiones de la OEA. Es posible que lo podamos hacer en unos 30 días.
Kissinger: Si podemos, nosotros estamos dispuestos a decir que tenemos la impresión de que el Acta Constitucional es de mucha ayuda.
Pinochet: Yo lo discutí en mi discurso inaugural.
11 de septiembre: 42% de los estadounidenses dudan de la versión oficial
Mientras que casi ningún periodista francés o estadounidense alberga dudas sobre la versión oficial que presentó la administración Bush sobre los atentados del 11 de septiembre, el 42% de la ciudadanía estadounidense pone en tela de juicio el dogma del complot islámico. Esa duda está alimentando en Estados Unidos una verdadera desconfianza hacia los grandes medios de difusión y un importante rechazo hacia las instituciones políticas. Tal es el resultado que arroja un sondeo realizado por el prestigioso instituto Zogby International.
El análisis de Thierry Meyssan
La actualidad informativa, en la que un hecho reemplaza rápidamente a otro, conduce a analizar el apoyo de la sociedad estadounidense a tal o mas cual acción de la administración federal. Se ha vista así que el apoyo concedido a George W. Bush durante los ataques contra Afganistán e Irak ha cedido su lugar al descontento por el costo humano de la ocupación de Irak. Eso no es, sin embargo, más que la espuma de la ola. Profundas y violentas tensiones políticas internas aparecieron brevemente en las pantallas televisivas cuando se vio a las tropas disparar contra las víctimas del huracán Katrina en vez de socorrerlas. Una serie de sondeos de opinión realizados durante los últimos meses pone en evidencia la existencia en el país de una división total entre los que se benefician con el sistema y aquellos que, además de poner en tela de juicio la política federal, rechazan las instituciones. La gravedad de esa situación, sin parangón en los demás países desarrollados, hace pensar que Estados Unidos está a punto de vivir una de las mayores crisis de su historia.
En primer lugar, los estadounidenses han perdido la confianza en sus instituciones.
- El 30% de los estadounidenses tiene una opinión negativa sobre la jurisprudencia de la Corte Suprema (Fox News/Opinion Dynamics, 24-25 de enero de 2006).
- El 56% piensa que su presidente es deshonesto y que designa a los dirigentes por amiguismo. El 61% estima incluso que el gobierno federal no se ocupa de ellos (USA Today/Gallup, 28-30 de abril de 2006).
- El 41% afirma que el representante o el senador de su circunscripción es un corrupto (Pew Research Center/Princeton Survey Research Associates, 1-5 de febrero de 2006). El 83% afirma que el Congreso en su conjunto es más o menos corrupto (USA Today/Gallup, 28-30 de abril de 2006). En definitiva, el 76% considera que el Congreso no es digno de confianza (Lichtman/Zogby, 18-24 de abril de 2006).
En segundo lugar, las instituciones fueron notablemente modificadas después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. La USA Patriot Act suspendió las principales disposiciones de la Bill of Rights, o sea la parte de la Constitución que garantizaba los derechos del acusado. La función de las fuerzas armadas fue revisada a partir de una nueva interpretación de la Pose Comitatus Act, o sea que el Departamento de Defensa es ahora responsable del orden interior. Esas transformaciones se basan en la interpretación de los atentados del 11 de septiembre de 2001 como una agresión exterior contra «el pueblo y el modo de vida estadounidenses». Por consiguiente, la legitimidad política de esas transformaciones depende totalmente del apoyo que brinden los ciudadanos a la versión oficial de los atentados.
El 42 % de los estadounidenses duda de la versión oficial
Estiman que la comisión investigadora realizó una operación de encubrimiento.
Sin embargo, la encuesta de Zogby –cuyos resultados ofrecemos aquí– demuestra que
- el 44% de los estadounidenses piensa que George W. Bush utilizó los atentados para desencadenar la guerra contra Irak.
- el 42% afirma que la comisión Kean, nombrada por el presidente Bush, no respondió a los argumentos que yo presenté en contra de la versión oficial. Para ellos, el informe oficial no tiene otro objetivo que escamotear la verdad.
- el 45% pide que se abra de nuevo la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El descrédito de las instituciones se hace extensivo a los medios de difusión. El 58% de los estadounidenses ya no confía en los medios (Lichtman/Zogby, 18-24 de abril de 2006). Resulta curioso que sólo el 19% se queje del tratamiento periodístico del 11 de septiembre. No se trata en este caso de los que ponen en duda la versión oficial y se indignan ante el unanimismo mediático sino por el contrario de los defensores del sistema, a los que les molesta ver cómo la duda se va apoderando de las mentes. Su punto de vista se divide en dos actitudes. Por un lado, están los que deploran que los medios hayan caricaturizado y ridiculizado nuestros argumentos en vez de refutarlos. Por el otro lado, están los que se quejan de que los medios no estuviesen lo suficientemente controlados y que estos hayan señalado la existencia de opiniones disidentes.
Estos sondeos de opinión tuvieron lugar justo antes de que el Departamento de Estado hiciera público un video completo del ataque contra el Pentágono. En este se puede comprobar que el aparato que golpea el edificio no tiene ni el tamaño, ni la velocidad de un Boeing 757-200 [1]. Según las opiniones observadas, ese video confirma más bien la posición de los que ponen en duda la versión oficial. Es posible incluso que haga cambiar de opinión a los indecisos. Es poco probable, sin embargo, que lleve a los partidarios de la teoría del complot islámico a revisar su propia opinión, más íntimamente ligada a su condición socioeconómica que al resultado de una reflexión lógica.
El sondeo de Zogby International
Metodología:
Encuesta efectuada por Zogby USA entre el 12 de mayo de 2006 y el 16 de mayo de 2006. Sondeo telefónico, de 81 preguntas, efectuado para Zogby International a una muestra de 1 200 adultos a través de todo el territorio de Estados Unidos. Las personas interrogadas fueron escogidas de manera aleatoria en las listas telefónicas nacionales. Los sondeos de Zogby International siguen métodos de muestreo en los que las probabilidades de selección son proporcionales al tamaño de las aglomeraciones de los indicativos regionales y las centrales telefónicas. Se efectúan hasta seis llamadas para contactar a una persona cuyo número telefónico ha sido seleccionado. Las tasas de cooperación se calculan mediante el uso de una de las metodologías aprobadas por la American Association for Public Opinion Research y son comparables a otros sondeos de opinión que utilizan métodos de muestreo similares. La ponderación en función de la región, el partido, la raza, la religión y el sexo se utiliza para ajustar las no respuestas. El margen de error es de +/- 2,9%. Los márgenes de error son más importantes en los subgrupos.
Los métodos de muestreo de Zogby y sus procedimientos de ponderación han sido avalados también por la fiabilidad de sus resultados en lo tocante a las elecciones: más del 95% de los sondeos efectuados por Zogby han anticipado el resultado real de la elección con un margen de diferencia de sólo el 1%.
Resultados:
Algunas personas dicen que la administración Bush explotó los ataques del 11 de septiembre para justificar la invasión contra Irak. Otras piensan que Bush actuó correctamente al atacar Irak porque Sadam Husein apoyaba el terrorismo. ¿Con quién está usted más de acuerdo?
Las personas consultadas están completamente divididas entre las que piensan que el presidente Bush explotó los ataques del 11 de septiembre (44%) y las que piensan que probó que era realmente necesario atacar a Irak (44%). Aproximadamente una persona de cada diez (11%) no sabe qué pensar del asunto.
Los que estiman en su mayoría que Bush explotó los ataques del 11 de septiembre son los demócratas (69%), los hispanos (59%) y los judíos (64%). Cerca de la mitad, o más, de los jóvenes entre 18 y 29 años, los adultos solteros, los afroamericanos así como los residentes de la región central-Grandes Lagos, de la región oeste y de las grandes ciudades son de esa opinión.
Los que estiman en su mayoría que Bush probó que el ataque contra Irak estaba justificado son los republicanos (72%) y los residentes de las regiones rurales (59%). Aproximadamente la mitad de los blancos, de las personas entre 30 y 64 años, de los protestantes, de los habitantes de los barrios periféricos y de los adultos casados son de esa opinión.
Hombres y mujeres están igualmente representados en ambos grupos.
Algunos creen que el gobierno de Estados Unidos y su comisión investigadora sobre el 11 de septiembre escondió o rechazó estudiar pruebas cruciales que contradicen su explicación oficial de los ataques del 11 de septiembre. Dicen que hubo una operación de encubrimiento. Otros dicen que la comisión sobre el 11 de septiembre era un grupo bipartidista integrado por personas respetadas y honestas y que no hay ninguna razón para que hayan querido esconder nada. ¿Con quién está usted más de acuerdo?
Cerca de la mitad de las personas interrogadas (48%) cree que el gobierno de Estados Unidos y la comisión sobre el 11 de septiembre no esconden nada. Sin embargo, casi la misma cantidad de personas (42%) piensa que el gobierno y la comisión esconden algo. Una de cada diez personas (10%) se dice insegura.
En cada una de las cuatro regiones, la mayoría de los hombres, al igual que la mayoría de las mujeres, piensa que el gobierno y la comisión no esconden nada. Los que así pien