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Una escena que no se veía desde el mismo 11 de septiembre de 1973. El Palacio de La Moneda se encuentra sitiada por fuerzas policiales para impedir que la ciudadanía y los seguidores del ex Presidente Salvador no se agrupen, en masa, en Morande 80.
Las Alamedas nuevamente se cierran para los chilenos ya que este emblemático día el gobierno encabezada por la socialista Michelle Bachelet dio instrucciones a su ministro del Interior, Belisario Velasco para que impidiera el paso de los seguidores del ex presidente Salvador Allende.
Desde las primeras horas de está mañana, La puerta lateral del Palacio de La Moneda, por donde fue sacado el cadáver del presidente chileno Salvador Allende en 1973, ha el escenario-tras una marcha el domingo- de homenajes de varias fuerzas populares.
El punto está identificado con el número 80 de la céntrica calle Morandé, a pocos metros de donde se erige un monumento, en la Plaza de la Constitución, al ex mandatario socialista.
El aniversario de su muerte tras el golpe militar de Augusto Pinochet concita, como todos los años, tensiones para las autoridades en previsión de posibles incidentes, mientras las organizaciones sociales denunciaron una política represiva del gobierno.
Para este "primer 11 de septiembre sin Pinochet", la Intendencia de Santiago dispuso que solamente 12 organizaciones podrán rendir homenaje a Allende en esos lugares.
Desde primera hora y en forma escalonada desfilaran delegaciones de entre 10 y 30 personas pertenecientes a los partidos Comunista, Socialista, Izquierda Cristiana y Por La Democracia, así como al Juntos Podemos Más.
También lo han realizado varias organizaciones, como la Agrupación de Familiares de Detenidos, Ejecutados y Desaparecidos del Palacio de La Moneda, ex miembros de la seguridad de Allende (GAP) y otros.
El ministro vocero del gobierno, Ricardo Lagos Weber, precisó la víspera que habrá un dispositivo policial adecuado a las circunstancias para garantizar el derecho a hacer los homenajes, pero también asegurando la seguridad y el orden público.
Minutos antes de los homenajes, dirigentes de los partidos Comunista e Izquierda Cristiana reiterarán su decisión de denunciar ante organismos internacionales de los derechos humanos la represión policial desplegada el domingo que terminó con casi 200 detenidos.
Ayer entregaron una carta dirigida a la presidenta Michelle Bachelet denunciando la represión policial contra quienes marcharon en Santiago en homenaje a Allende.
Señalaron que asistieron, en los hechos, a "la puesta en práctica del Estado de Sitio" y a la presencia desmedida de fuerzas policiales, así como a la represión y detención de dirigentes emblemáticas de agrupaciones de derechos humanos.
Por su parte, la vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (AFDD), Mireya García, calificó de innecesarias las medidas de prevención: "nadie -dijo- va a hacer algo que atente en contra de la memoria del Presidente Salvador Allende".
Asimismo, se informó que la misma efemérides será recordada por familiares y seguidores de Pinochet, quien falleció hace 10 meses, que organizaron dos misas en haciendas privadas de las afueras de Santiago.
También circuló un comunicado de la empresa de energía eléctrica Chilectra, anunciando un "plan de contingencia" con helicópteros y 700 personas en 150 cuadrillas ante la eventual interrupción del servicio debido a "disturbios y actos vandálicos" durante la conmemoración.
Santiago de Chile, 11 de septiembre 2007
De estos documentos surge la historia del mayor proyecto de propaganda de la agencia -autorizado por los más altos niveles del gobierno norteamericano- que dependió del periódico más relevante de Chile: El Mercurio, y su bien conectado dueño, Agustín Edwards.
En Chile, el avejentado Edwards sigue siendo una influyente y poderosa figura de los medios, y aquí, en Estados Unidos, las acciones encubiertas vuelven a realizarse y el poder ejecutivo está cada vez más envuelto en secretos. La historia del 11de septiembre de 1973 continúa resonando.
Durante los últimos dos años, un grupo de editores, periodistas, estudiantes de periodismo y abogados de los derechos humanos han estado reuniendo pruebas en Santiago de Chile contra el magnate de los medios chilenos, Agustín Edwards, para, al menos, conseguir que sea expulsado de la Colegio de Periodistas Chilenos. El editor de la revista izquierdista Punto Final, Manuel Cabieses, ha presentado una petición formal en la que acusa a Edwards de violar el código de ética del Colegio al haber conspirado con el gobierno de Richard Nixon y la CIA, entre 1970 y 1973, para fomentar el golpe militar que derrocó al gobierno electo de Salvador Allende instaurando en el poder al general Augusto Pinochet.
Las acusaciones de tipo éticas contra Edwards se podrían beneficiar de un cuidadoso análisis de documentos desclasificados estadounidenses que aportan una considerable cantidad de información sobre las operaciones encubiertas de la CIA en Chile.
Desde 1975, cuando una comisión especial, presidida por el senador de Idaho, Frank Church, emitió su informe titulado "Acciones encubiertas en Chile: 1963-1973", se ha convertido en un secreto a voces que la CIA aportó abundante financiamiento a El Mercurio, poniendo a reporteros y editores en su nómina, y usando al periódico, en palabras de la comisión, como "el más importante canal de propaganda antiallendista". Pero con la desclasificación de miles de archivos de la CIA y de la Casa Blanca al final de la presidencia de Bill Clinton, la historia del "Proyecto El Mercurio" aparece mucho más en detalle. Entre las revelaciones más importantes de los documentos están las siguientes:
Incluso antes de que Allende fuera juramentado Presidente de Chile, Edwards acudió a Washington para discutir con la CIA "el momento oportuno para una acción militar" y así evitar que Allende asumiera el poder.
El Presidente Nixon autorizó personalmente la financiación masiva del periódico. La Casa Blanca aprobó la adjudicación de casi $2 millones, una suma significativa al convertirlos en escudos chilenos en el mercado negro.
Mensajes secretos de la CIA de mediados de 1973 identificaron a El Mercurio como "uno de los elementos de oposición más militantes" en su intento por derrocar a Allende.
Después del golpe, la CIA continuó financiando encubiertamente a los medios para influenciar a la opinión pública chilena en favor del nuevo régimen militar, a pesar de la represión brutal del general Pinochet.
Los documentos ofrecen el más detallado relato de uno de los proyectos de propaganda encubierta más famosos de la CIA, el cual jugó un papel muy superior, a lo antes pensado, en lo que acabaría siendo la dictadura militar de Pinochet. Aclaran, además, la disposición del periódico más importante de Chile -comparado, por su prestigio y relevancia, al New York Times en Estados Unidos- para colaborar en fomentar el golpe.
VISITA A WASHINGTON
Mucho antes de que Allende se convirtiera en el primer jefe de Estado socialista electo en el hemisferio occidental, Agustín Edwards comenzó a presionar a influyentes amigos estadounidenses para que apoyaran una agresiva intervención norteamericana. En su autobiografía publicada el año pasado, David Rockefeller recuerda que Edwards le dijo en marzo de 1970 que "Estados Unidos debe evitar la elección de Allende".
Un día antes de que los chilenos votaran (el 4 de septiembre), Edwards fue en busca de ayuda a la Embajada de Estados Unidos. "Invirtió todas sus ganancias de años en nuevas industrias y modernización, y se arruinaría si Allende triunfara", Edwards le dijo al embajador, Edwards Korry, tal y como Seymour Hersh relata en su libro “El precio del poder”. Korry predijo que ganaría otro candidato, el patriarca conservador Jorge Alessandri, apoyado por El Mercurio, sin embargo, Allende logró un ajustado triunfo.
Edwards le pidió al jefe de operaciones en Chile, Henry Hecksher, que le arreglara otra reunión más privada con Korry, fuera de la embajada. Korry recuerda lo siguiente: "Edwards dijo que quería hacerme sólo una pregunta: ¿Va a hacer algo Estados Unidos, directa o indirectamente?”, Korry dijo: "Mi respuesta es no".
Poco después, Edwards voló a Estados Unidos donde hizo uso de toda la influencia que tenía sobre amigos y funcionarios cercanos al Presidente Nixon. En Washington, tal y como reflejó Kissinger en sus memorias “Los años en la Casa Blanca”, Edwards se alojó en la casa de Donald Kendall, presiente de PepsiCo, uno de los amigos más cercanos de Nixon y uno de sus contribuyentes políticos más generosos. El 14 de septiembre, Kendall realizó una visita social a la Casa Blanca y le comunicó a Nixon lo que Edwards le había dicho. Henry Kissinger, el asesor de seguridad nacional, y el procurador general, John Mitchell, subsecuentemente se reunieron con Edwards y Kendall, casi con seguridad a instancias de Nixon..
Durante 30 años, lo que Edwards le dijo al director de la CIA, cuando se reunieron en un hotel de Washington, ha sido un alto secreto. Pero ahora el memorando de la CIA titulado "Discusión de la situación política chilena" ha sido desclasificado. El nombre de Edwards está tachado con tinta negra, pero el texto deja claro que la reunión no puede ser ninguna otra que él mantuvo con Helms, a la cual Kissinger y otros aludieron. El documento revela que Edwards trató de fomentar operaciones estadounidenses encubiertas con el propósito de planear un golpe militar que impidiera que Allende asumiera la presidencia. El memorando refleja la opinión de Edwards de por qué perdió Alessandri y "la posibilidad de una solución constitucional", que fue la sugerencia inicial que presentó la embajada estadounidense donde, según muestran documentos, la CIA sobornaría a congresistas chilenos para que ratificaran a Alessandri en vez de a Allende, luego éste renunciaría y se convocarían a nuevas elecciones a las que iría como candidato el Presidente saliente, el demócrata cristiano Eduardo Frei, quien presumiblemente ganaría. Pero el memorando también incluye una discusión que refleja los riesgos de esta solución parlamentaria:
Podría no funcionar. ¿Y entonces qué?
Algún congresista podría actuar demasiado pronto y anunciar sus intenciones prematuramente, lo que precipitaría que los comunistas "se echaran a la calle".
El general Retirado Roberto Viaux, líder de una asonada militar en octubre de 1969 (tachado) o "algún otro loco" podría tratar de dar un golpe, lo que arruinaría cualquier esfuerzo serio.
El documento describe que Helms y Edwards también discutieron sobre otra opción: "Cuándo realizar una acción militar".
En una reunión de 15 minutos, la tarde del 15 de septiembre, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Nixon emitió la, ahora famosa, orden a Helms de que fomentara una iniciativa militar en Chile para evitar que Allende llegara al poder. "1 posibilidad entre 10, pero salvemos Chile” ... No preocuparse de los riesgos ... $10.000.000 disponibles, más si hiciera falta. Trabajo de tiempo completo, los mejores hombres disponibles", fueron las notas que tomó Helms durante su reunión con Nixon.
Helms más tarde testificó ante la Comisión Church que "tengo la impresión de que el presidente convocó esta reunión en la que tomé mis notas debido a la presencia de Edwards en Washington y por lo que ... Edwards estaba diciendo de las condiciones en Chile".
FINANCIAR EL MERCURIO
Pese a los enconados esfuerzos de la CIA por fomentar el caos y un clima que condujera a un golpe militar en el otoño de 1970, el 24 de octubre el Congreso chileno ratificó a Allende como Presidente y el 3 de noviembre fue juramentado. Tres días después, Nixon convocó a su Consejo de Seguridad Nacional para discutir una estrategia más amplia que perjudicara a Allende y, en palabras del secretario de Estado, William Rogers, "derrocarlo". Días después, Kissinger presentó al Presidente un plan de cinco puntos sobre operaciones de la CIA diseñadas para desestabilizar la capacidad de gobierno de Allende. El punto cuatro recomienda "Asistir a ciertos periódicos y utilizar otros medios de comunicación chilenos que puedan criticar al gobierno de Allende".
La asistencia estadounidense al grupo de medios de Edwards comenzó incluso antes de la juramentación de Allende. A finales de septiembre de 1970, mientras funcionarios norteamericanos presionaban secretamente a compañías e instituciones financieras estadounidenses para que se retiraran de Chile y así perjudicar la economía, el embajador Korry intervino para convencer a uno de los acreedores estadounidenses de El Mercurio, First NCB, para mostrarse flexible sobre las obligaciones financieras de Edwards.
En la época de la elección de Allende, El Mercurio ya estaba en dificultades financieras. Pero las instrucciones de Nixon del 15 de septiembre de "hacer que la economía chille" y de un bloqueo invisible para obstaculizar las transacciones bilaterales y multilaterales con Chile -junto con el programa socialista de Allende-, claramente tuvieron un impacto en la solvencia financiera de la compañía, al igual que en todas las grandes empresas del país. Ante los conflictos laborales fomentados por los sindicatos dominados por la izquierda y la reducción de la publicidad estatal en la prensa por parte del gobierno de Allende -a raíz de una ley aprobada por la mayoría opositora del Congreso chileno-, Edwards acusó al gobierno de la Unidad Popular de intentar deliberadamente silenciar a los medios opositores del país. De esta manera, la libertad de prensa se convirtió en el tema más preponderante de la propaganda de la administración Nixon contra Allende.
El 8 de septiembre, la CIA presentó una propuesta de 10 partes a la Comisión de los 40 -el grupo secreto intragubernamental, presidido por Kissinger, que supervisó las operaciones encubiertas- argumentando que "El Mercurio necesitaría al menos $1 millón para sobrevivir durante el próximo o próximos dos años". La CIA indicó que "sin este apoyo financiero, se verá obligado a cerrar antes de fines de septiembre. Aunque este cierre sería por motivos económicos", especuló la agencia de espionaje, "no hay duda de que estos problemas financieros han sido inspirados políticamente".
La solicitud de la CIA provocó un significativo y revelador debate interno entre la burocracia estadounidense. En un informe de opciones ultra secreto, ahora desclasificado, entregado a Kissinger, presentó dos "opciones básicas":
A: "Ofrecer extenso financiamiento al periódico, con el entendimiento de que no sería suficiente para impedir que el gobierno de Allende lo cerrara (por ejemplo a través del control del papel o de huelgas.) Esto incluiría un compromiso inicial de al menos $700.000.
B: "Dejar que El Mercurio se arruine y lanzar una gran campaña de propaganda sobre el tema de la libertad de prensa".
La Opción B era arriesgada, indicó el memorando, porque "Allende podría responder demostrando que sería la ineptitud financiera de El Mercurio la que hubiera causado el cierre". El jefe de operaciones de la CIA en Santiago y el embajador Korry apoyaron el financiamiento, otros funcionarios creyeron que $1 millón era "un precio muy alto por un poco de tiempo extra" si el periódico iba a cerrar de cualquier manera.
El periódico recibiría $700.000, pero Estados Unidos "condicionaría el apoyo a que El Mercurio lanzase un intenso ataque público contra los esfuerzos del gobierno de Allende de clausurar el diario".
El 14 de septiembre de 1971, los documentos muestran que Nixon personalmente autorizó $700.000 -y cientos de miles más- en fondos encubiertos para El Mercurio.
Apoyándose en la fuerza de la decisión presidencial, Helms ordenó a su división del hemisferio occidental que "se excediera de los $700.000 y los aumentara, incluso a más de $1.000.000, siempre y cuando fuera necesario para mantener el periódico abierto". En resumen, en una decisión que aparentemente se mantuvo en secreto de los investigadores del senado en 1975 y subsecuentemente tachada de todo documento desclasificado de la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional, Kissinger personalmente aprobó los $300.000 adicionales para el periódico, según un sumario de la CIA. Al comprar moneda chilena en el mercado negro, la CIA aportó 67 millones de pesos a El Mercurio.
Aparentemente, esa cantidad no fue suficiente. En abril de 1972, la CIA solicitó "$965.000 adicionales para ofrecérselos a El Mercurio". En esta ocasión la agencia desechó el argumento de que Allende amenazaba con clausurar el periódico, el problema era su solvencia financiera. La nueva cantidad, se informó a Kissinger en un memorando ultra secreto, se "usaría para pagar un préstamo, para cubrir el déficit operacional mensual hasta marzo de 1973 y para ofrecer un fondo de contingencia de (tachado) para cubrir necesidades de urgencia como requisitos crediticios, nuevos impuestos, y otras deudas bancarias que surgen con escaso aviso previo". .
Esta asignación elevaría el total de las contribuciones de la CIA para el periódico a $1,95 millones en menos de siete meses -unos $8,4 millones en dólares de hoy- y decenas de millones de pesos chilenos en el mercado negro. Una cantidad adicional indeterminada llegó también a El Mercurio, a través del colaborador principal de la CIA en Chile, la ITT Corporation. Un memorando de conversación del 15 de mayo de 1972 -hoy desclasificado- entre el funcionario de la CIA, Jonathan Hanke, y el ejecutivo de ITT, Hal Hendrix, registra una discusión sobre unos $100.000 en depósitos bancarios que la corporación estaba desviando secretamente a la compañía de Agustín Edwards. Hendrix, como informó Hanke a sus superiores, "me dijo que el dinero para el grupo de Edwards se canalizó a través de un banco suizo".
SE CONSTRUYE UN GOLPE
¿Cómo se usó este dinero? "La asistencia recibida por El Mercurio ha permitido a ese periódico independiente sobrevivir como un portavoz efectivo de la democracia chilena y contra el gobierno de la UP (Unidad Popular)", dijo la CIA en un memorando ultra secreto a la Comisión de los 40. Pero liderar la oposición contra Allende no fue lo mismo que apoyar el proceso democrático en Chile. De hecho, con asistencia de los fondos encubiertos, el imperio mediático de Edwards se convirtió en uno de los protagonistas más prominentes en la caída de la democracia chilena.
Para 1972, el periódico "publicaba casi diariamente editoriales de crítica contra el gobierno de Allende", y "guiaba y arengaba a la oposición", informó la CIA en un resumen sobre el “Proyecto El Mercurio”. "El Mercurio continúa jugando un papel de liderazgo en moldear la opinión pública chilena", concluyó la estación de la CIA en Santiago el 21 de febrero de 1973 en un informe. "El Mercurio (tachado) lanzó una extensa campaña publicitaria para culpar al gobierno de Allende de las penurias económicas de Chile, colocando anuncios allá donde fuera posible".
Pero las actividades del grupo mediático de Edwards fueron mucho más allá de colocar anuncios y publicar artículos incendiarios y editoriales contra Allende. Con el apoyo de la CIA, El Mercurio se posicionó como el clarín de la agitación organizada contra el gobierno, y como aliado de las fuerzas militares golpistas antes de la asonada. El 2 de mayo, en uno de los mensajes más comprometedores escritos por la estación de la CIA, su jefe informó a la sede de la agencia en Langley sobre las actividades de las fuerzas políticas dentro y fuera del ejército que trabajaban por el derrocamiento de Allende. El agente identificó a "la cadena de periódicos El Mercurio" como "uno de los elementos de oposición más militantes" -otros grupos incluían el grupo paramilitar neofascista “Patria y libertad” y el ultra conservador Partido Nacional, quienes habían recibido fondos de la CIA -que "se han propuesto la creación de conflictos y confrontaciones que lleven a algún tipo de intervención militar". Cada uno de estos grupos, indica el mensaje, "están tratando de coordinar sus esfuerzos con miembros de las Fuerzas Armadas que conocen y comparten este objetivo".
En junio de 1973, mientras aumentaban dramáticamente las tensiones sociales y circulaban rumores de golpe de Estado en Santiago, El Mercurio publicó un editorial que en esencia defendía una insurrección. Allende ha dejado de ser el Presidente constitucional, declaró el periódico. El 21 de junio, Allende invocó una ley de libelo, aprobada por una administración previa, y ordenó el cierre del diario durante seis días, pero sólo un día después, una corte de apelaciones dictaminó que el gobierno no tenía derecho a clausurar el periódico y El Mercurio reanudó su campaña de oposición y agitación.
Sólo una semana después, el 29 de junio, el Ejército chileno intentó un golpe sin éxito. La situación se deterioró rápidamente y Allende fue derrocado en los próximos tres meses. El 11 de septiembre de 1973, la aviación chilena bombardeó el palacio presidencial, Allende murió de una herida de bala en un acto de suicidio, y una junta militar, comandada por el general Augusto Pinochet, se adjudicó el control del gobierno.
Eventualmente, la división de operaciones encubiertas del hemisferio occidental de la CIA, reconoció que El Mercurio hizo posible el golpe: “Antes de la asonada, los medios de comunicación del proyecto mantuvieron un ataque continuo contra el gobierno, explorando cualquier punto de fricción entre las fuerzas de Allende y la oposición democrática, y recalcando los problemas y conflictos que se estaban creado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas”.
En una verdadera admisión de que las operaciones encubiertas de Estados Unidos contribuyeron directamente al derrocamiento de Allende, la CIA concluyó que "el proyecto de propaganda de la Estación de Santiago", en el cual El Mercurio era el protagonista dominante, "jugó un papel significativo en preparar el golpe militar del 11 de septiembre 1973".
APOYO A PINOCHET
En septiembre de 1974, cuando Seymour Hersh expuso las operaciones encubiertas de la CIA para desestabilizar a Allende en The New York Times, el Presidente Gerald Ford se vio obligado a defenderlas públicamente como "un verdadero beneficio para el pueblo de Chile, y ciertamente en nuestro propio beneficio". Hubo un esfuerzo por parte del gobierno de Allende "de destruir los medios de comunicación opositores, tanto la prensa escrita como los medios electrónicos", dijo Ford a periodistas. "Los esfuerzos (encubiertos) que se realizaron en este caso fueron para ayudar a preservar los periódicos y los medios electrónicos de oposición".
De hecho, fue el régimen de Pinochet, y no Allende, quien destruiría la prensa libre en Chile. Después del sangriento golpe -unas 1.500 personas fueron asesinadas por los militares en las semanas sucesivas- la junta clausuró todos los medios de comunicación, menos los controlados por el Estado. Claro, hubo algunas excepciones, la más prominente fue El Mercurio.
Como parte del presupuesto de propaganda fiscal del año 1974 de la CIA, la Estación de Santiago continuó financiando encubiertamente a la prensa derechista chilena, la que, de ser la voz opositora a Allende, pasó a convertirse en la principal fuerza independiente promilitar del país. Puesto que el financiamiento iba a expirar a principios de 1974, la división del hemisferio occidental determinó que era necesaria una extensión para permitir a los medios del régimen militar que realizaran un paulatino abandono de la nómina clandestina estadounidense.
Ya que el Departamento de Estado estaba presionando para clausurar sus proyectos de acciones encubiertas anteriores al golpe, la división del hemisferio occidental de la CIA pareció haber solicitado, y obtenido, $176.000 adicionales para dar a "este mecanismo de propaganda múltiple la oportunidad de localizar fuentes financieras alternativas", de acuerdo con memorandos secretos de la agencia. Pero con Pinochet asentado firmemente en el poder, desapareció la necesidad de financiar el proyecto mediático. Al parecer, a finales de febrero de 1974, según documentos, los agentes de la estación de la CIA se reunieron con sus contactos chilenos, y les dijeron que "todo el apoyo de subsidios ... cesaría" a finales del año fiscal. El jefe de la estación informó en un mensaje secreto del 1 de marzo de 1974, dirigido a Phillips, que "esta noticia fue recibida con gran sorpresa y decepción".
Pinochet permanecería en el poder durante 17 años. En ese periodo, El Mercurio sirvió como fiel valladar de la dictadura, optimizando sus logros económicos y minimizando -hasta el punto de la distorsión y la ofuscación- su extensa represión, la que incluyó el asesinato y desaparición de miles de chilenos, la tortura sistemática y múltiples actos de terrorismo internacional en América Latina, Europa y Estados Unidos.
Sólo 30 años después del golpe, Chile ha empezado a abrir este capítulo de su pasado. El arresto de Pinochet en Londres en 1998 -el general logró escapar de la extradición a España por crímenes contra los derechos humanos y eventualmente se le permitió regresar a Chile, donde la Corte Suprema dictaminó que era mentalmente incapaz de ser juzgado- dio paso a acusaciones, arrestos y encarcelamientos de varios de sus camaradas militares. Pero ¿qué se hizo de Edwards y su compañía mediática y otros protagonistas del sector privado que colaboraron activamente en la eliminación de la democracia electoral y el advenimiento de una brutal dictadura militar?
Los intentos de presentar acusaciones éticas contra Agustín Edwards ante el Colegio de Periodistas es un gesto totalmente simbólico, aunque realmente significa el principio de un movimiento para hacer a los civiles responsables de sus actos. Los documentos estadounidenses que registraron secretamente esas acciones pueden aportar pruebas valiosas, si no para emprender acciones judiciales, sí para al menos conocer las responsabilidades morales.